Programa de inclusión estudiantil un verdadero ejemplo de entrega...

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Programa de inclusión estudiantil un verdadero ejemplo de entrega desinteresada

Seis años de experiencia, una lluvia de dificultades, críticas, resistencia, muchos logros, reconocimientos, cientos de satisfacciones y un largo camino de luchas por recorrer, son algunas de las características que hacen parte del programa de atención a población diversa en educación superior de la Universidad del Atlántico, cuyo lema es ‘por una verdadera inclusión’.

Esta iniciativa es orientada desde del programa de Licenciatura en Cultura Física, Recreación y Deporte, encontrando en la docente Oris Mercado su coordinación, con el apoyo de la Vicerrectoría de Docencia y con la reciente articulación del Programa de Licenciatura Educación para Personas con Limitaciones o Capacidades Excepcionales.

El programa nace precisamente en la Facultad de Educación, cuando llegó a ella un estudiante en condición de discapacidad auditiva y los profesores no sabían cómo manejar la situación con el muchacho. Esa necesidad que podría, en un momento convertirse en una debilidad para el proceso de formación, llegó a constituirse en una fortaleza, pues desde entonces se inicia una maratónica búsqueda de soluciones a esta dificultad.

“Al comienzo tocamos muchas puertas. Una de esas puertas fue la Facultad de Educación, más exactamente en el programa de Licenciatura en Cultura Física, donde nos encontramos con la profesora Mónica Lindo, quien desde el inicio nos ha prestado un apoyo incondicional y permanente. Pero además todo el personal del programa asumió esta iniciativa como propia, para sacar adelante alguna tarea, hasta que encontramos el respaldo decidido de la Vicerrectoría de Docencia, y así hemos seguido”, asegura la profesora Oris.

Posteriormente se admitirían, en otros programas de la Universidad, a muchachos  en condición de discapacidad, que aumentaron el trabajo de este equipo de docentes entregados a la causa de formar a jóvenes sin tener en cuenta sus condiciones.

Y aunque este trabajo se hacía de manera permanente y con mayor ahínco, era necesario que el programa y sus objetivos se convirtieran en algo institucional para garantizar la permanencia del mismo.

Por eso, en ese tocar de puertas no podía olvidarse a la Rectoría, que tras el apoyo decidido de la Vicerrectoría de Docencia, ofrece su respaldo a la iniciativa y decide contratar intérpretes y designar monitores para el apoyo a los estudiantes con dificultades.

LA MAYOR DIFICULTAD. Pero las cosas no pararon ahí (y no han parado aún), pues en este caminar se encontró un obstáculo que no ha ido fácil superar cual es la resistencia de muchos docentes a tener en sus aulas a estos estudiantes.

“Y es que para los profesores era incómodo tener durante toda su clase a una persona, parada a su lado haciendo señas todo el tiempo. Eso a muchos de ellos los estresaba, pero hemos podido avanzar mucho en este sentido”.

A los docentes que tienen a su cargo a esta población estudiantil se les hace un acompañamiento, pues el programa ha entendido que no es fácil asumir la enseñanza a un estudiante en condición de discapacidad, y ha sido necesario capacitarlos para ello en cuanto a la parte curricular y demás estrategias como didáctica y el modo de evaluarlos.

Aunque con los demás estudiantes también ha sido necesario realizar una labor de concientización, para que aprendan que deben compartir sus espacios con muchachos que, aunque no cuentan con todas las capacidades físicas que la mayoría, también tienen derecho a dichos espacios y a llevar una vida normal como la del resto.

Sin embargo con los muchachos no fue tan difícil la tarea como con lo profesores, entre algunos de los cuales aún hay algo de resistencia.

El caso del estudiante con discapacidad auditiva fue el punto de partida, pero a lo largo del proceso se han vinculado jóvenes con limitaciones en sus extremidades, parálisis cerebral, y en alguna ocasión hubo un estudiante en condición de discapacidad visual, pero desertó de la universidad.

“Si estos jóvenes son admitidos en la universidad es porque durante el proceso de selección demostraron estar en capacidad de asumir un rol como estudiantes, sin embargo, como es lógico, ellos están en desventaja frente a los demás compañeros, y es nuestro deber facilitarles las cosas para que estén en las mimas condiciones que los demás”.

En la actualidad hay, en la universidad, ocho estudiantes en condición de discapacidad, quienes hacen parte de los programas de Educación Física, Arquitectura, Ciencias Naturales y Prescolar.

En la pasada convocatoria a exámenes de admisión, para el período 2012-2, se  presentaron  3 muchachos en condición de discapacidad auditiva, 7 con discapacidad física, 3 con limitación visual y 1 con limitación de lenguaje.

LO QUE SIGUE. Esta es una labor que se lleva a cabo día  a día, y cada día constituye un reto. El reto ahora es la construcción de la política de inclusión educativa de la Universidad del Atlántico. Esta política debe recoger los lineamientos para el acceso, permanencia y graduación de estudiantes con discapacidad en nuestra Institución en el marco de procesos de calidad educativa.

Por ejemplo, al considerar que los estudiantes para graduarse deben tener una certificación de segunda lengua, la política deberá señalar que, para el caso de los estudiantes con limitaciones auditivas, que la lengua de señas es la primera lengua y por lo tanto el castellano se debe considerar como segunda y es la que deberá certificarse.

Se trabaja también en la creación de nuevas señas para palabras propias de la educación superior que aún no existen y que son necesarias para facilitar el proceso de aprendizaje y el trabajo de los intérpretes. En este sentido hay creadas unas 200 señas nuevas y se proyecta editar un tomo que sirva en el proceso pedagógico de la educación superior.

Así mismo se proyecta el fortalecimiento de un grupo de investigación en torno al tema, así como instituir el programa de inclusión, esto incluye tanto a las personas en condición de discapacidad como el resto de la población que se encuentra en vulnerabilidad.

Hay un convenio con la asociación de sordos del Atlántico para que avalen esta iniciativa y que esas nuevas señas ingresen al lenguaje de esa población.

Todo este trabajo se viene liderando por la Vicerrectoría de Docencia, la Oficina de Inclusión y la Facultad de Ciencias de la Educación con el apoyo de entidades como el INCI, el INSO y la Red Colombiana de Universidades por la Discapacidad, organización a la cual se está buscando la adscripción de la Universidad del Atlántico.

PROGRAMA DESTACADO. El programa de Inclusión Educativa de la Universidad del Atlántico fue destacado, como el mejor, entre las entidades del Caribe, en el pasado encuentro de instituciones educativas con personal en condición de discapacidad que promovió el Ministerio de Educación Nacional y que se llevó a cabo en la ciudad de Barranquilla.

“Pese a los logros y satisfacciones, aún queda mucho por hacer. Por eso estamos trabajando en la creación de la política de inclusión. Esa es una de las mayores necesidades pues de ello depende la continuidad y fortalecimiento del programa”. Pero esta política, una vez esté creada debe recibir la aprobación del Consejo Superior de la Universidad.

Programas similares a este existen en la Universidad Nacional y en la Pedagógica de Bogotá con las que se ha compartido experiencias, pero en la región Caribe es la Universidad del Atlántico la única que cuenta con el.

 

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