El MAUA se unió a la celebración del día I/nal de los pueblos indígenas

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El MAUA se unió a la celebración del día internacional de los pueblos indígenas

El Museo de Antropología de la Universidad del Atlántico, fue sede el pasado 11 de agosto, del encuentro de Lenguas Indígenas del Caribe organizado por el Ministerio de Cultura en el marco de la conmemoración del Día Internacional de los pueblos Indígenas.

Al encuentro asistieron por el Ministerio de Cultura Josefa Hernández asesora de la dirección de poblaciones, como ponente invitada la Dra. María trillos Amaya, lingüista e investigadora de lenguas indígenas en Colombia, miembros de las comunidades indígenas Wayuu, Yupka, Kogui , Ette ennaka, zenu y Mokana, e integrantes del grupo de investigación CELIKUD de la Universidad del Atlántico.

A continuación damos a conocer el artículo publicado por el Ministerio de Cultura:

Desde hace algunos años el Ministerio de Cultura viene trabajando en el diagnóstico de la vitalidad de las lenguas indígenas. Sus últimos descubrimientos sobre las lenguas zenú y monaká que se creían perdidas sorprenden. En el marco del día internacional de los pueblos indígenas, MinCultura organizó un encuentro con representantes de los nueve grupos étnicos del Caribe en Barranquilla.

En la Constitución del 1991, Colombia se decretó como un país multiétnico y plurilingüe y se declararon oficiales las lenguas étnicas en su territorio respectivo. Apartes de la Constitución han sido traducidos a 7 siete lenguas indígenas, entre las que se encuentran el wayuunaiki de los wayúu y el ika de los arhuacos, dos lenguas del Caribe.

“Hemos avanzado muchísimo en este tema en los últimos 30 años”, asegura María Trillos Amaya, directora del Museo de Antropología de la Universidad del Atlántico en Barranquilla, quien recuerda que cuando empezó a estudiar lenguas indígenas en el Instituto Caro y Cuervo de Bogotá, estas todavía eran un misterio y la única lengua oficial según, la Constitución era el español. El imaginario de los indígenas era tan lejano para los habitantes de una ciudad como Barranquilla, que una vez que María estaba con sus amigos, y al ver a dos wayúus en la calle con la cara pintada, ellos pensaron que iban a los carnavales. “Hemos avanzado mucho en el reconocimiento de los pueblos indígenas en los últimos 30 años”, afirma. “Hoy además existe la Ley 1381 de 2010 del Ministerio de Cultura, un bastión para seguir luchando por la preservación de sus lenguas.”

El pasado 11 de agosto, el Ministerio de Cultura llevó a cabo en el Museo de Antropología de la Universidad del Atlántico, un encuentro de lenguas indígenas del Caribe, al que asistieron los representantes de los 9 nueve pueblos existentes en esta región. Entre ellos asistieron representantes wayúu y de los pueblos arhuaco, wiwa y kogui, habitantes de la Sierra, las comunidades cuya lengua se encuentra en un mayor grado de vitalidad.

El wayuunaiki, es la segunda lengua con más hablantes en Colombia después del español, con una población de unos 270 mil integrantes y su grado de vitalidad es alto. Las lenguas de la Sierra, también se encuentran en un estado relativamente vital pues son utilizadas por sus respectivas comunidades en diferentes ámbitos, debido en parte a su ubicación geográfica que les ha permitido resguardar sus tradiciones. El kogui es la lengua con mayor nivel de monolingüismo, lo que significa que los niños la aprenden como lengua materna, y solo una minoría de esta etnia conoce además el español.

Del otro lado, se encuentran los zenúes, mokanás, y kankuamos, los pueblos con las lenguas más debilitadas de todas las etnias del Caribe. Sin embargo, al Encuentro también asistieron representantes de estas comunidades, pues están trabajando fuertemente en el avivamiento de este patrimonio. En palabras de José del Carmen Perilla, adulto mayor zenú, sin hablar su lengua, los zenúes ya no van a saber decir por qué son zenúes.

La lengua de los zenúes de Sucre, con una población de unos 233 mil indígenas, prácticamente se consideraba muerta. Sin embargo, José del Carmen Cármen Perilla, llegó al Encuentro hablando en una especie de patois zenú, fruto de la combinación del español que llevaron los  misioneros en los sesentas y su lengua originaria.

Según Perilla, los zenús se están basando en escritos y nociones que dejó el sacerdote Rigoberto Cuesta de Cartagena sobre la lengua zenú y el patois que todavía se habla entre los indígenas de los Montes de María, para revitalizar su idioma, con el apoyo del Ministerio de Cultura. Para Perilla recobrar esta lengua perdida se convertiría también en un mecanismo de defensa que les permitiría conservar una intimidad comunitaria: podrían hablar entre ellos sin que los de afuera supieran lo que están diciendo: “Yo creo que por eso el pueblo zenú ha padecido  mucho el problema de las autodefensas”, aseguró “por no manejar su intimidad lingüística”.

Perilla, quien sabe hablar patois, está enseñando en varias facultades de la Universidad Autónoma Indígena Intercultural de Colombia, que se dedica a la preservación de los conocimientos de medicina tradicional, leyes y lenguas nativas. El año pasado trabajaron dos profesores zenús, asegura Perilla, este año la Universidad está necesitando 4cuatro. 

La profesora Trillos, señala que no es la primera vez que una lengua se cree equivocadamente extinta. En los setenta la lengua de los etenakas se creía extinta pero cuando en el 86 ella empezó a trabajar con la comunidad y aplicó los respectivos métodos de verificación lingüística se pudo comprobar que sí existía una cierta vitalidad de la lengua.

Por otro lado el estado de la lengua mokaná del Atlántico es todavía más precario, pero desde hace cuatro años la comunidad ha venido trabajando en su recuperación. Al encuentro asistió Julio Manuel Viloria, gobernador local del Cabildo Mokaná de Tubará, quien explicó que la comunidad ya había entrado en diálogo con la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla para realizar un proyecto pedagógico de su lengua y cultura que ya fue enviado a la Secretaría de Educación Departamental. La idea es que se dicten clases en monaká, no solo en las escuelas monaká sino en todos los colegios en el Atlántico: “ancestralmente todo el departamento de Atlántico era Mokaná”, explicó el gobernador.

Viloria confía en que la recuperación de esta lengua no será difícil, pues aunque entre ellos solo hablan español, y los adultos mayores escasamente conservan algunas palabras, los nombres de sus calles, arroyos y lagunas tienen nombres mokaná. Además, su línea lingüística es la misma arhuac de donde proviene el wayúu, así que están hablando con profesores etnoeducadores wayúu para que los ayuden allá, cuando se apruebe su proyecto pedagógico.

“Cuando escuchamos a los hermanos indígenas de otras etnias hablando en su propia lengua nosotros nos sentimos cercenados de lo nuestro, así que estamos parados de frente en esta lucha y ya tenemos metido entre ceja y ceja la recuperación de esta lengua.” La etnia recibirá ayuda externa de la antropóloga Lina Montoya de la Universidad de Antioquia quien ya ha trabajado anteriormente con esta comunidad.

Según María Trillos, este trabajo es muy provechoso y que estas lenguas subsistan, sería una excelente noticia para los lingüistas. Una lengua natural como lo es una lengua indígena, se formó durante siglos y forma parte de la creación del mundo. Al preservarse esta se está preservando también la historia del género humano. Además estas lenguas “contienen el capital cognitivo de los pueblos, que está relacionado con los ecosistemas que ellos manejan.” Para Trillos, si fuéramos juiciosos podríamos acudir a las comunidades indígenas para pensar soluciones ambientales. “Ellos son conocedores profundos de la naturaleza, y esta relación también está resguardada en sus lenguas”.

Sin embargo, recuperar una lengua perdida no es sencillo. Una lengua se empieza a morir porque no se hace uso efectivo de ella, y solo se puede avivar si existen hablantes pasivos que guarden la memoria estructural de la lengua, y empiecen a usarla en el uso cotidiano.

Pero con el tiempo la cotidianidad de muchos indígenas también ha cambiado. Este es el caso de los kankuamos, en el Cesar. Una gran parte de esta población aún habita el territorio pero ya tiene un estilo de vida occidental. Albaniz Fuentes, por ejemplo, asistente kankuama al encuentro, es auxiliar de enfermería, y aunque aún se considera indígena y trabaja por causas indígenas, ya no practica los ritos religiosos de su cabildo, ni viste el traje típico. “Yo en realidad no sé si de verdad ese era el vestido de los kankuamos, yo nunca los vi”, explica.

Fuentes explica que a diferencia de los zenúes y los mokanás, entre los kankuamos no existe el mismo entusiasmo consensuado frente a la preservación de su lengua. Algunos kankuamos se oponen a que les enseñen kankuamo a sus niños en los colegios, y los llevan a Patillal a estudiar, donde no se dicta la lengua materna ni se obliga a usar la manta y los collares.

“Ya estamos muy occidentalizados. Vivimos en casas normales y no queremos usar el poporo pero eso no significa que no sigamos siendo indígenas”, aseguró. A ella sin embargo, la recuperación de su lengua sí le resulta interesante, más como un ejercicio académico e histórico.

Mediante la ley 1381 del 2010 se reconocieron 68 lenguas diferentes en el territorio nacional (65 lenguas indígenas, dos criollas, y una gitana) y se decretó el reconocimiento, el uso y el fortalecimiento de estas lenguas en Colombia, así como la protección a los derechos lingüísticos de sus hablantes.

Para más información
Carolina Mila
Oficina de prensa Ministerio de Cultura
3424100 Ext 1253
cmila@mincultura.gov.co

 

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