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Investigadores de la Uniatlántico utilizan el color y la forma de la arena para medir el riesgo de erosión costera  

Investigadores de la Uniatlántico utilizan el color y la forma de la arena para medir el riesgo de erosión costera

Investigadores de la Uniatlántico utilizan el color y la forma de la arena para medir el riesgo de erosión costera  

El grupo caracterizó, por primera vez, a escala regional, 59 playas del Caribe colombiano. La herramienta, low cost y reproducible, ofrece nuevas soluciones frente a la erosión costera.

Cada grano de arena de una playa es, en realidad, un pequeño archivo: guarda la historia de cuánta energía ha soportado, cuán lejos ha viajado y de dónde proviene. Sin embargo, durante décadas, ese archivo se leyó casi siempre a partir de un único dato: el tamaño del grano. Un nuevo estudio colombiano demuestra que el color y la forma de la arena contienen información que el tamaño, por sí solo, no puede revelar.

El trabajo, publicado en la prestigiosa revista internacional Marine Geology (Elsevier), presenta la primera caracterización a escala regional en el mundo que integra simultáneamente tres «huellas» del sedimento: granulometría (tamaño), colorimetría (color) y morfología del grano (forma), a lo largo de la costa Caribe continental de Colombia.

Un barrido de La Guajira al Golfo de Urabá

El equipo analizó 59 playas distribuidas a lo largo de cerca de 1.600 kilómetros de litoral, desde la península de La Guajira, al norte, hasta el Golfo de Urabá, al sur, atravesando siete departamentos costeros como Magdalena, Atlántico, Bolívar, Sucre, Córdoba y Antioquia. En cada punto midieron el tamaño de los granos, cuantificaron su color con precisión y evaluaron su forma.

Los resultados revelan un sistema de arenas finas a medias, ricas en cuarzo y moldeadas por un oleaje persistente y de alta energía, con enriquecimientos gruesos y localizados en los sectores del norte.

El barrido regional dejó ver, además, un patrón geográfico nítido. Los sectores del norte, La Guajira y el norte del Magdalena, concentran las arenas más maduras: brillantes, redondeadas y bien lavadas, señal de un oleaje intenso y sostenido, junto con la mayor diversidad de fuentes marina, fluvial y eólica.

El centro, en el Atlántico, es el tramo más variable, con mezcla de sedimentos maduros y de formas anómalas. Y hacia el sur, Sucre, Córdoba y Antioquia, predominan los granos más angulosos y de trayecto corto, con la huella cercana de ríos como el Sinú y el Atrato. En otras palabras, la costa Caribe no es homogénea, cuenta historias distintas según el tramo que se observe.

Color y forma como indicadores de la playa 

La gran novedad metodológica es haber convertido dos propiedades tradicionalmente descriptivas en medidas objetivas y cuantificables:

El color, medido como brillo y saturación, funciona como indicador de la madurez del sedimento: las arenas brillantes y saturadas corresponden a material muy lavado y retrabajado por el oleaje, mientras que las arenas oscuras y apagadas reflejan sedimento inmaduro o de origen local.

La forma del grano, qué tan anguloso o redondeado es, registra la distancia de transporte: los granos redondeados han viajado mucho y han sido pulidos por el mar; los angulosos provienen de fuentes cercanas y de trayectos cortos.

«Durante décadas, para entender una playa medíamos básicamente el tamaño del grano de arena. Lo que demostramos es que el color y la forma de ese grano guardan una información que el tamaño por sí solo no puede dar: nos cuentan cuánta energía ha soportado la playa y qué tan lejos ha viajado esa arena. Es como pasar de una foto en blanco y negro a una a color», explicó Rangel, investigador de la Universidad del Atlántico y autor principal del estudio.

Un espectro continuo, no categorías rígidas 

Al cruzar las tres variables, la investigación halló que la diversidad de los sedimentos responde a un factor principal: un gradiente de energía y madurez. Las playas no encajan en moldes rígidos, sino que cambian de forma gradual entre extremos definidos.

“Entender este comportamiento en degradado es clave para evitar clasificaciones erróneas en zonas de transición y tomar mejores decisiones de manejo”, señaló Rangel.

Al agrupar las playas mediante análisis estadístico se obtuvieron cuatro grandes conjuntos; sin embargo, al explicarlas a partir de los procesos físicos que las moldean, se identificaron cinco estados ambientales. Este matiz evidencia que las playas más maduras y las más jóvenes se diferencian con claridad, mientras que las etapas intermedias se traslapan. Las playas se comportan como un espectro continuo y encasillarlas en categorías cerradas puede derivar en diagnósticos equivocados.

Una alternativa frente a la erosión 

El hallazgo llega en un momento crítico: la costa Caribe colombiana sufre erosión crónica, con retrocesos de línea de costa que superan un metro por año en varios sectores, agravados por la reducción del aporte de sedimentos de los diferentes ríos.

En ese escenario, la herramienta, rápida, de bajo costo y reproducible, tiene aplicaciones concretas: permite seleccionar arena verdaderamente compatible para el relleno de playas que coincida no solo en tamaño, sino también en color y forma, monitorear los cambios del litoral en el tiempo y priorizar los tramos más vulnerables para intervención.

El alcance del hallazgo, además, trasciende al Caribe colombiano. Al comparar sus datos con playas de España, el Mar Rojo, los Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos y China, el equipo comprobó que el acoplamiento entre energía, transporte y propiedades del sedimento se repite en costas muy distintas, incluso cuando cambian la composición y el clima. 

Eso convierte al marco desarrollado en Colombia en una suerte de «lenguaje común» aplicable a cualquier litoral dominado por el oleaje, y especialmente útil para los que , como buena parte del Caribe,  están limitados en sedimento y dependen cada vez más del reciclaje interno de arena y del transporte a lo largo de la costa.

Un trabajo pionero, hecho en Colombia y en red

El estudio fue liderado por el grupo de investigación Geología, Geofísica y Procesos Marino-Costeros de la Universidad del Atlántico, y desarrollado en colaboración con Grand Valley State University, Estados Unidos, y el Instituto Colombiano del Petróleo y Energías de la Transición, ICPET-Ecopetrol S.A., Piedecuesta.

Al tratarse de la primera aplicación de este enfoque a escala regional, la metodología ubica la investigación de la Universidad del Atlántico en el panorama científico internacional. 

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