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¿A dónde va el plástico que desaparece del mar? Investigación liderada desde Uniatlántico revela el destino de millones de residuos en el océano 

investigación liderada desde Uniatlántico revela el destino de millones de residuos en los océanos

¿A dónde va el plástico que desaparece del mar? Investigación liderada desde Uniatlántico revela el destino de millones de residuos en el océano 

El estudio, publicado en Marine Pollution Bulletin, propone el primer marco global para identificar los «sumideros de plástico», ambientes donde estos residuos permanecen atrapados durante horas, años e incluso siglos. El Caribe colombiano concentra prácticamente todos ellos.

Cada año llegan al océano entre 4 y 13 millones de toneladas de plástico. Sin embargo, cuando los científicos observan la superficie marina encuentran menos del 0,2 % de esos residuos. ¿Dónde termina el resto? Ese interrogante, considerado durante años uno de los mayores desafíos de la contaminación marina, acaba de encontrar una respuesta gracias a una investigación internacional liderada desde la Universidad del Atlántico.

El estudio, publicado en la revista científica Marine Pollution Bulletin (Elsevier), presenta por primera vez un marco integral para identificar y clasificar los llamados sumideros de plástico (plastic sinks), ambientes naturales y espacios intervenidos por el ser humano donde los residuos quedan retenidos durante horas, años o incluso siglos antes de continuar su recorrido o quedarse allí de forma permanente.

La investigación fue liderada por Nelson Rangel Buitrago, profesor de la Universidad del Atlántico, en colaboración con investigadores de la Universidade Federal do Ceará (Brasil), Grand Valley State University (Estados Unidos), Ulster University (Reino Unido), University of KwaZulu-Natal (Sudáfrica) e Ifremer (Francia). El trabajo integra conocimientos de geomorfología, ecología marina y dinámica costera para explicar qué ocurre con el plástico una vez ingresa al océano.

Cuatro grandes «sumideros» explican el destino del plástico

La comunidad científica denominó durante años este fenómeno como la paradoja del plástico perdido: mientras las estimaciones mostraban que millones de toneladas llegaban cada año al océano, solo una pequeña fracción era detectada flotando en la superficie. La investigación demuestra que el plástico no desaparece, queda retenido en una compleja red de ambientes que funcionan como depósitos naturales o artificiales.

El estudio clasifica estos ambientes en cuatro grandes categorías, según el tiempo durante el cual retienen el plástico y la forma en que lo hacen.

Los sumideros permanentes corresponden a sedimentos marinos profundos y turberas de manglar, donde los residuos pueden permanecer enterrados durante siglos. Los sumideros semipermanentes incluyen manglares, arrecifes coralinos, playas, trasplayas y acumulaciones de madera flotante, capaces de retener plástico durante años o décadas.

Los sumideros transitorios, que concentran residuos durante horas o meses e incluyen la columna de agua, los estuarios, las conocidas «islas de basura» y las líneas de convergencia oceánica (litter windrows). Finalmente, los sumideros antropogénicos están conformados por rellenos sanitarios costeros, botaderos, puertos y otras infraestructuras donde el plástico termina acumulándose por acción humana.

La investigación también describe dos fenómenos determinantes para comprender la contaminación marina: las litter windrows, franjas donde el viento y las corrientes concentran grandes cantidades de plástico flotante antes de que sea redistribuido, y los plastic litter blooms, pulsos masivos de residuos que ocurren tras lluvias intensas, crecientes de ríos o inundaciones, cuando enormes cantidades de basura alcanzan el mar en cuestión de horas o días.

El Caribe colombiano, un laboratorio natural para comprender el fenómeno

Uno de los principales aportes del estudio demuestra que el Caribe colombiano reúne prácticamente todos los tipos de sumideros identificados.

Los manglares de la Ciénaga Grande de Santa Marta, la bahía de Cartagena y el golfo de Morrosquillo funcionan como grandes trampas naturales donde el plástico queda retenido entre raíces y sedimentos. De hecho, uno de los manglares del Caribe colombiano fue utilizado como imagen representativa de este proceso en la publicación científica.

También aparecen los arrecifes de coral del Rosario y de la Reserva de Biosfera Seaflower, en San Andrés y Providencia, que capturan fragmentos gracias a su compleja estructura tridimensional.

Las playas del Atlántico, entre ellas Punta Roca, Puerto Velero, Punta Astillero e Isla Arena, constituyen escenarios donde las acumulaciones de madera flotante inmovilizan grandes cantidades de residuos plásticos.

A ello se suman la desembocadura del río Magdalena en Bocas de Ceniza, el Canal del Dique y el delta del río Sinú, que reciben y redistribuyen residuos provenientes del interior del país. Incluso espacios urbanos como los arroyos de Barranquilla y el mercado de Bazurto, en Cartagena, aparecen identificados como sumideros antropogénicos desde donde el plástico continúa su recorrido hacia el mar.

Un sistema que cambia con el clima

Los investigadores advierten que estos depósitos no permanecen estáticos. Su comportamiento depende de las lluvias, los vientos, las corrientes marinas y los eventos climáticos extremos.

Las temporadas de lluvia, las crecientes del río Magdalena, los desbordamientos de los arroyos y fenómenos como el huracán Iota modifican completamente el desplazamiento de los residuos, movilizando enormes cantidades de plástico hacia playas, estuarios y manglares en muy poco tiempo. De igual manera, los vientos alisios característicos del Caribe colombiano entre diciembre y marzo influyen en la acumulación periódica de residuos sobre distintos sectores del litoral.

Un aporte para enfrentar la contaminación marina

Para el profesor Rangel, comprender este recorrido resulta fundamental para enfrentar uno de los mayores desafíos ambientales del planeta.

«El plástico no desaparece: se esconde. Entender dónde y por qué se acumula es el primer paso para recuperarlo y para anticipar cómo se comportará bajo un clima cambiante. El Caribe colombiano es, en ese sentido, un laboratorio natural extraordinario», explicó el investigador.

Los hallazgos de la investigación ofrecen una nueva forma de entender el recorrido del plástico en el océano y aportan información clave para fortalecer las estrategias de monitoreo, recuperación y gestión de estos residuos. Identificar los lugares donde el plástico permanece atrapado permitirá orientar acciones más precisas para evitar que llegue a ecosistemas cada vez más vulnerables.

Publicada en una de las revistas científicas más reconocidas en el campo de la contaminación marina, esta investigación consolida a la Universidad del Atlántico como un referente internacional en el estudio de la dinámica de los residuos plásticos en ecosistemas costeros y oceánicos. 

Sus resultados contribuyen a comprender uno de los grandes desafíos ambientales de nuestro tiempo y aportan evidencia científica para la toma de decisiones sobre conservación, gestión ambiental y adaptación frente a un clima cambiante.

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